El Libertador / Opinión

Rancagua

Patricio Vidal Toro, PaViTo | Fecha de Edición: 01-10-2012

 

Ver a un artista rancagüino defender a su ciudad, no era cosa común hace unos años. Todos aquellos que hoy son reconocidos en la capital de esta región, eran jóvenes sin hijos, con muchos sueños, pero también con el sentimiento de frustración constante por no encontrar en Rancagua más espacios que los generados por ellos mismos.
Así nacieron muchas revistas literarias, tertulias, eventos masivos y multidisciplinarios, atractivos lugares para el arte y la cultura, que ahora ya no están.  Los que siguieron porfiando gozan de mejor vida, y han permitido que los jóvenes de hoy tengan más posibilidades para el desarrollo de su arte. Pero muchas veces escupieron las calles de la ciudad como si estuvieran mirándole la cara.
Si nos basamos en la historia y en las estadísticas, antes del movimiento artístico que se ha estado generando en la última década en Rancagua, no encontramos nada parecido de aquí a 70 años atrás. Eran los tiempos de Oscar Castro y de un sinnúmero de otros grandes artistas, que se sentían felices llamándose inútiles, convencidos de que a través de sus obras no iban a lograr mucho. Han pasado siete décadas, y aún se recuerdan esos tiempos como los más gloriosos del arte regional, por haber sido capaz de salir de estas fronteras sin moverse de aquí.
La muerte temprana del poeta, dicen muchos, evitó que terminara recibiendo el Premio Nobel. ¿Se lo imagina? El paseo Independencia sería una mezcla de coloridas cabelleras y de idiomas de todas las latitudes. De todas maneras, no hay que perder la esperanza, han pasado 70 años, y hay muchos artistas en sus distintas disciplinas, haciendo y soñando en grande. En esta ciudad, que todavía muchos llaman la del desastre, la muerta, donde no pasa nada.
Y entonces ahora sí es más fácil pararse y entrar en su defensa, enrostrándole al agresor esos cientos de artistas en sus distintas disciplinas, las esculturas grandes en todas partes, murales, virtuosos músicos, iniciativas que solo se generan en esta ciudad, y que atraen hasta gente de la capital y de Valparaíso, donde se supone que el arte se respira por doquier. Hay artistas que viven de su arte, a través de proyectos del Estado o con platas autogestionadas. ¡Hasta hay mecenas!, empresarios o administradores que destinan importantes recursos para el arte local sin esperar nada más a cambio, que ver el proyecto que financian materializándose. 
Bueno, a veces hay que callar ciertas cosillas, ¿no? Por ejemplo, que Evelyn Ramírez, mezzosoprano reconocida internacionalmente, ofreció hacer un taller gratuito de canto lírico acá en Rancagua, en su ciudad natal, y no encontró interés. O que Carlos Vargas, escultor, autor del homenaje al ciclista de la Alameda, del caballo o el cóndor de grandes dimensiones que se encuentran en República y la Carretera del Cobre, respectivamente, esté haciendo carrera en el norte por no encontrar acá, en su ciudad natal, la manera de poder vivir tranquilo de su arte.
Es opción de cada uno, pero esta ciudad tiene todo lo que se necesita, absolutamente todo, para que sus artistas y su gente puedan inflar el pecho por vivir en una ciudad cultural.
No esperemos 70 años más.

 

Compartir en Facebook

0 Comentarios

Haz tu comentario

Para hacer un comentario debes estar previamente registrado y haber iniciado sesión.